Pesadilla en la Calle del Infierno | ¡Terror en los sueños!

Pesadilla en la Calle del Infierno. ¡Terror en los sueños!
Escrita por Erick Suaste Molina
iDigitalFilms

KINETOSCOPIO RETRO es un espacio en el que comentamos películas estrenadas entre 1950 y 1999, que han dejado huella –para bien o para mal- en la historia del cine. Con motivo de las fechas de “Halloween” que ya se aproximan, estaremos subiendo algunas reseñas de cine de terror.

14813008_1487316684628627_689844429_oSiempre que hablamos de cine de terror, se presta la oportunidad de comentar la tesis de varios estudiosos del género, acerca de que este tipo de cine tiene sus etapas de producción más redituables y creativas cuando la sociedad está convulsionada por diversas causas: las crisis económicas, violencia cotidiana, deficiente salud pública, guerra, inseguridad, entre otros factores que probablemente estén relacionados entre sí. Es entonces cuando el público asiste a las salas de cine como forma de escape, pero los contenidos cinematográficos también sirven como medio para simbolizar las preocupaciones de las sociedades.

Basta con mencionar la creciente preocupación social por las epidemias, que se traduce en películas y series con la figura del zombie. Así pues, algo similar ocurrió a finales de los sesenta cuando se instaló el “nuevo cine de terror”, que poseía un carácter independiente, con imágenes de extrema violencia y que fue percibido como un movimiento contracultural precisamente por su carácter hiperrealista, contrastado con el cine de terror fantástico. Desde dicha década, con el surgimiento de Blood Feast (Herschell Gordon Lewis, 1963), La Noche de los Muertos Vivientes (The Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968), y en los años siguientes, el terror representaba miedos cotidianos instalados en los círculos sociales cercanos  a nosotros.

Pesadilla en la Calle del Infierno (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), fue parte de esta
tendencia de terror violento, orientado a un público juvenil y con carácter transgresor, puesto que su director, Wes Craven, fue parte fundamental de ese movimiento underground que desde los setenta, cuando el “nuevo” cine de terror entró en apogeo, construyó piezas fundamentales del género, despojándolo mucho de su carácter “fantástico” para llevarlo a un terreno digamos, más “realista”. No porque se filmaran historias reales, sino porque las relaciona con eventos de los que tenemos referente en la sociedad. Asesinos seriales, familias disfuncionales, enfermedades mentales provocadas por el aislamiento, cuestionamientos ambiguos sobre el origen de la maldad, el machismo y el feminismo representados en los asesinos y las final girls, entre otros asuntos, se asomaron en cintas como La última casa a la Izquierda (The Last House on the Left, Wes Craven, 1972), La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974), La violencia del Sexo (I Spit on Your Grave, Meir Zarchi, 1978), Viernes 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980), entre muchas, muchas otras, donde se cuenta la del asesino con las guantes de garras.

Wes Craven ya había adquirido experiencia para cuando filmó Pesadilla en la Calle del Infierno. Ya había aprendido a encuadrar y narrar historias; su popularidad lo llevó a circular sus cintas en un terreno ya no tan underground. La historia de Freddy Krueger es de las más célebres del cine de terror y aunque conserva un carácter sobrenatural, en cuanto a que Freddy aparece en los sueños, fue una forma de metaforizar, de acuerdo con Douglas Brade, momentosclave para la juventud de los ochenta: el uso de drogas, el sexo y la crisis del SIDA tenían salida en forma de monstruos que los acechaban. Así pues, aquí se nos cuenta la historia de Freddy, pedófilo y asesino serial quien sale libre por un “tecnicismo” de los abogados, lo cual obliga a los pades de familia de Springwood a tomar medidas drásticas, quemándolo vivo en su propia casa. Pero él juró venganza, y encuentra una forma de regresar por “sus niños” a través de los sueños”. La historia se centra en Nancy (Heather Langekamp) y su grupo de amigos, incluido su novio Glen (Johnny Depp) y su amiga Tina (Amanda Wyss), quien es la primera en ser acosada en sus pesadillas por un extraño ser con el rostro quemado y garras como dedos.

Al14876138_1487316611295301_54073562_o principio Nancy le comenta que es una pesadilla, pero pronto, ella también comienza a soñar con el mismo tipo y sus sospechas acerca de que es real aumentan cuando Tina “muere” de forma muy violenta mientras duerme. Rod Lane (Jsu García), el novio de Tina, se ve forzado a escapar pues estaba con ella en el momento de la muerte y la policía lo busca como principal sospechoso. Nancy le pide a Rod que se entregue con la promesa de que aclarará lo sucedido; pero cuando lo encierran, Rod se “suicida” en su celda, lo cual termina por convencer a Nancy de que el mismo asesino con el cual todos sueñan, existe y tiene una agenda de venganza contra todos ellos. Esa venganza está motivada por los padres de familia de la localidad, responsables de haber privado de la vida a Freddy Krueger.

Suele comentarse que el cine es uno de los recipientes que pueden representar sueños. El desafío principal de Wes Craven en esta película fue armar escenarios similares a las estructuras de la mente; con ello quiero decir que si en un sueño, uno pasa de un escenario a otro, reflejando sus temores o inquietudes, sin poder resolverlas del todo (puesto que eso no lo hacemos en el sueño sino en el acontecer diario), dicha estructura fue representada con éxito por Craven en esta película: por ejemplo, Nancy comienza su pesadilla en la escuela, al seguir por el pasillo a un cadáver que la llama y deja un rastro de sangre; en el pasillo encuentra a una compañera, quien súbitamente muestra las garras y voz de Freddy, mientras la voz de Tina (presuntamente el cadáver que se arrastra), sigue llamándola hasta el sótano de la escuela, el cual se transforma en una especie de fábrica abandonada donde Freddy comete sus fechorías y acecha desde cualquier rincón. Nancy ni sus amigos pueden escapar, el único que domina el terreno del sueño es Freddy.

Dichas secuencias son armadas mediante dos elementos básicos: la puesta en escena, pues se crearon escenarios no muy ostentosos en materia de valores de producción pero si connotan destrucción, abandono, soledad y miedo. Dichos escenarios son conectados a través del montaje secuencial para estructurar linealmente las pesadillas de los amigos; los cortes están bien cuidados, sin saltos evidentes, lo cual mostró un mejor manejo de las técnicas fílmicas que contribuyen a la narración, cuestión que mucho se le criticó a Craven en sus primeros filmes, cuando él filmaba como él entendía el cine, pues no poseía una educación sólida en realización cinematográfica.

Lo siguiente que destacó en el filme fue la violencia. Comparada con lo que vemos hoy, no solo en el cine gore sino en los noticieros y periódicos, no era tan extrema. Pero al ser 1984, era un atrevimiento mostrar a una chica semidesnuda ser arrastrada por el cuarto, mientras alguien rasga su pecho y la deja ahogarse en sangre. En dicha secuencia, la muerte fue vista (como en muchos otros casos en estas películas) como un símbolo de la penetración masculina que utilizaba la violencia para poder poseer a las mujeres (la mirada machista y femenina en el género del terror es un asunto profundo y ampliamente discutido por los analistas del terror). Otra secuencia por ejemplo, rompe el paradigma que reserva la muerte violenta sólo para las chicas, cuando uno de los hombres de este grupo de amigos es “licuado” mientras duerme. Demasiado inverosímil, pero no cuando se piensa que en el sueño, Freddy puede hacer lo que guste.

Así pues, lo más icónico de esta cinta, aquello que ha resistido la prueba del tiempo, es precisamente su personaje central: Freddy Krueger, interpretado por Robert Englund. Si, en las cintas de terror, sobre todo aquellas gestadas en esta etapa de “nuevo” terror, las estrellas no importaban, por ello los actores eran por lo regular desconocidos. El protagonista, el héroe es el monstruo; tanto con Freddy como con Michael Myers, Jason Vorhees, Leatherface, Chucky, Pinhead, Candyman y otros tantos, surgió un fenómeno interesante: la empatía no es con las víctimas sino con el asesino, pues como espectadores deseamos que lleva a cabo su cometido, el de asesinar a los muchachos que tienen cualidad muy marcadas (la estructura del slasher film es canónica en ese sentido, mueren primero el atleta, la chica bonita, el nerd, y sobrevive por lo regular la final girl, en este caso Nancy).

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Este fenómeno lo explica muy bien Rick Altman, no con el terror sino con el cine en general, nombrándolo rutina espectatorial. Dentro de esa rutina que seguimos todos los espectadores, es decir, caminar junto a los personajes  y tomar las mismas decisiones que ellos, aceptamos las opciones contraculturales: sabemos que está mal matar, pero debido al contrato de ficción que realizamos con la película, apoyamos dichas decisiones pues son las que presentan “encrucijadas” que nos hacen disfrutar el relato. Es una forma interesante de estudiar cómo es que los espectadores “vivimos” el cine. Entonces, Krueger es ese personaje incomprendido por los personajes pero interesante para los espectadores, su iconografía es más atractiva que la de un chico guapo besando a la chica en turno, por ello, se insertó con éxito en el imaginario del cine de terror y los espectadores.

Craven quiso dotar de cuestionamientos filosóficos y psicológicos a su relato; Freddy, para él, era una forma de materializar el inconsciente colectivo y ello se corresponde con la tesis planteada al inicio, de que el cine de terror representa los miedos de la sociedad. Debemos reconocer, no obstante, que dicha tesis es difícil de “medir” pues ¿cuáles son los miedos de todos? ¿Cómo podemos saber que efectivamente, nos preocupa lo mismo a todos? Por ello, el cine es ante todo, un ejercicio de reflexión e interpretación cercano a nosotros, posible de analizar y obtener significado de acuerdo a nuestras experiencias. Si, quizá el cine de terror es un escape para todos, nos gusta asustarnos en la comodidad de la sala de cine, entre otras opciones. Pero sí tenemos algo en común con esta película: Freddy era la representación de un pasado tormentoso para las personas de Springwood. Era su monstruo. Cuando nosotros tenemos pesadillas, también figuran ahí asuntos no resueltos o fantasías que tenemos. Muchas veces, eso se presenta como monstruo. Sí, todos tenemos nuestros demonios y es ahí donde Pesadilla en la Calle del Infierno obtiene un valor enorme que se relaciona directamente con nuestra experiencia. Todos soñamos. Todos tenemos pesadillas e incluso una de ellas podría ser el temor a la muerte. Desde 1984 y hasta nuestros días, ese temor colectivo a la muerte está más vigente que nunca.

            Pesadilla en la Calle del Infierno se exhibirá el próximo fin de semana en algunas cadenas de cine, como parte del programa de clásicos de terror organizado por Mórbido Film Fest. No se la pierdan.

 

Pesadilla en la Calle del Infierno (A Nightmare on Elm Street, Estados Unidos, 1984).

Dirigida por: Wes Craven.
Guión: Wes Craven.
Protagonistas: Heather Langekamp, John Saxon, Johnny Depp, Amanda Wyss, Robert Englund.

Luis Martínez Leyva

Escritor en iDigitalFilms. Organizador y coordinador de talleres en el Cecehachero Film Fest. Cineasta y crítico. Apasionado por el séptimo arte, su análisis y realización.

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