Leyenda: Fantasías del bien y el mal.

By / 2 años ago / Kinetoscopio, Retro / No Comments

Escrita por Erick Suaste-Molina/iDigitalFilms

KINETOSCOPIO RETRO es un espacio en el que comentamos películas estrenadas entre 1950 y 1999, que han dejado huella –para bien o para mal- en la historia del cine. Y como en las navidades nos encanta la fantasía, este mes les traeremos reseñas de algunos filmes de ese maravilloso género.

Como en todo reino mágico, en éste hay dos fuerzas que alimentan el balance del universo: el Bien y el Mal. El primero es alimentado por la fuerza bondadosa de los míticos unicornios, quienes con su luz hacen frente a la maldad, liderada por el Señor de las Tinieblas (Tim Curry). La fuerza de los unicornios lo debilita, por tanto, ordena a su fiel duende Blix (Alice Playten), cortar el cuerno de uno de los dos unicornios que sobreviven en la comarca, para robar toda su energía. Mientras tanto, Lily (Mía Sara), una princesa curiosa y con deseos de aventuras, incita a su enamorado Jack (Tom Cruise) para que le muestre los unicornios. Él, conocedor de todas las leyendas locales, la lleva con la advertencia de no acercarse mucho a ellos; no obstante, ella desobedece e intenta tocar a uno de los unicornios, logrando que ellos bajen la guardia. Es en ese momento que Blix logra cortarle el cuerno a uno. Dicho evento inicia una era glacial en todo el reino, que sólo se detendrá si Jack y sus amigos logran proteger al unicornio restante y liberar a Lilly, quien al tratar de arreglar la situación, cae en el hechizo del Señor de las Tinieblas.

Cuando hablamos de cine fantástico, es inevitable dirigirse a la discusión acerca de las líneas divisorias que lo separan del terror y la ciencia ficción. El autor español Carlos Losilla por ejemplo, expresa que el terror y el fantástico tienen una relación estrecha que posteriormente, con el desarrollo de otras líneas temáticas, derivó en la ciencia ficción. Por tanto, no debería ser raro encontrar rasgos de cada uno de dichos géneros en un filme. Quizá, se debe buscar la predominancia de ciertas características para delimitar si lo que vemos es fantasía (fantastique), terror o ciencia ficción. La hibridación de géneros es muy común, sobre todo en tiempos de la hipermodernidad cinematográfica, pero hubo un tiempo en que las taxonomías podían ser más precisas, como lo es el caso de Leyenda (Legend, Ridley Scott, Estados Unidos/Reino Unido, 1985), el filme del que hoy hablamos y que en 2015 cumplió 30 años de existencia.

            De acuerdo con Carlos Losilla, el término fantastique, así bautizado por la crítica francesa, es un conglomerado que se extiende tanto al cine como a la literatura y otros terrenos del arte, pero opina que en el séptimo arte ha encontrado una presencia más sólida. “El fantastique suele englobar usualmente todas aquellas películas que se distinguen por su peculiar alejamiento de la realidad establecida, es decir, por su tránsito  a través de una zona indeterminada, difusa, básicamente irreconocible con respecto al universo cotidiano.” (Losilla, 1993: 36). Añade que el género utiliza siempre la Realidad como punto de referencia, pero la deforma, la convierte en un mundo desconocido para nosotros, con cuyos habitantes pueden compartir rasgos, pero las reglas de su mundo son distintas y además, pueden poseer características diferentes a las nuestras, como la modificación del físico o poderes mágicos en algunos casos. Lo mismo puede aplicarse a sus paisajes; si bien reconocemos la montaña o los valles de estos escenarios, esos están dotados de una imagen irreal que nosotros, sólo en sueños podríamos tener. Y que es el cine sino la materialización de fantasías oníricas.

Es en ese sentido que Laberinto (Labyrinth, Jim Henson, Reino Unido, 1986), la película que discutimos la semana pasada, se acopla a esta definición de Losilla, al crear un mundo con paisajes, criaturas y reglas diferentes a las de nuestra cotidianidad. No obstante, la “regla” (si la desean considerar así), se aplica mejor a Leyenda, pues en la película de Henson, Sara (la protagonista) vive en un mundo real y gracias a un deseo, es transportada a otro de carácter fantástico. Pero el filme de Ridley Scott se presenta desde el inicio como un mundo único, con sus leyes acerca del bien y el mal, además de las respectivas criaturas míticas que lo pueblan (duendes, elfos, hadas, princesas y un Señor de las Tinieblas cuya representación es una atinada caracterización del Satanás occidental). Ahora, Scott no es ajeno a la creación de mundos alternos. En 1979 dirigió un importante referente para la ciencia ficción moderna: Alien, el octavo pasajero (Alien, Estados Unidos, 1979).

            En ella, un grupo de astronautas se enfrenta a un monstruoso ser proveniente del espacio, un lugar desconocido para el resto de la humanidad. Tenemos referencias del espacio únicamente por lo que las cartografías, películas o documentales nos hacen saber, pero no hemos estado ahí. Así pues, Scott y su equipo de producción fueron capaces de iconizar un universo que de otro modo, no conoceríamos más que por las ilustraciones científicas. Por ello es pertinente la discusión acerca de los límites de los géneros: prácticamente, la definición de fantástico de Losilla se puede aplicar a Alien como a Leyenda, ¿cuál es entonces la línea que los separa? Es la emoción; la primera quiere generar terror, la segunda alegría y para ello, se valen de diferentes estrategias de filmación. Por ello, Leyenda es más una historia sobre valores universales que no cuestiona mucho la naturaleza del ser frente al peligro, como sí lo hizo Scott en Alien.

            Leyenda es una película fantástica con todas las de la ley; el equipo de producción, particularmente el departamento de dirección de arte, artículo un mundo lleno de brillo, colores, con valles floridos, montañas, bosques cálidos, riachuelos en los cuales la luz se proyecta cual diamante, vestuarios majestuosos para su protagonista y cabañas amigables, todo con tono familiar. Por el lado del mal, la caverna del Señor de las Tinieblas es una idea bien materializada de lo que sería la guarida del Diablo, pues este personaje es uno de los más llamativos del relato, sobre todo por sus aspectos físicos. El maquillaje del actor (Tim Curry), creado por el equipo de Rob Bottin, es de una calidad excelente, resaltando los enormes cuernos del diablo y su piel en tonalidades de rojo encendido, casi como el fuego. De entre las cosas por las que el filme es recordado, es precisamente por este personaje, que atrapa a Lilly en un hechizo para convertirla al “lado oscuro” (si, ese lado no es privativo de Star Wars).

Si logra convencer a Lilly, ella tendrá el poder de atraer a los unicornios a la oscuridad, lo cual sumirá el reino en las tinieblas para siempre. Jack, junto con su amigo Gump (David Bennent), un elfo bribón, deberán rescatarla antes de que el reino se sumerja en la maldad. La premisa es también de carácter fantástico, pues a pesar de pequeñas diferencias, las películas con este tono suelen entablar una narrativa acerca del bien y del mal, por tanto, el filme es una referencia obligada para el género. No obstante, tuvo problemas. Alguna vez, en la desaparecida revista Cinemanía, leí un artículo sobre este filme, con motivo de su vigésimo aniversario allá por el 2005. Recuerdo las palabras, aunque no con exactitud: básicamente, la publicación decía que la cinta de Scott era un pastel muy bien adornado pero sin mucho fondo. O podríamos decir, mucha sustancia. No lo entendí en aquel entonces, sino hasta varios años después, luego de revisitar la cinta en repetidas ocasiones.

            Efectivamente, el filme es visualmente impresionante; en ese terreno, desafía el paso del tiempo pues fue realizado con muchos elementos orgánicos que la diferencian de las películas actuales, donde casi todo es animación por computadora. Todo en Leyenda es hermoso, pero no cuidaron mucho la parte narrativa. El inicio es crucial en este sentido, porque se plantean dos historias que apenas convergen hacia la mitad de la cinta; por un lado, la del Señor de las Tinieblas con su plan de sumergir al reino en la oscuridad y por otro, la aventura de Lilly y Jack. El punto de unión en ambas historias son dos secuencias paralelas: cuando Blix arrebata el cuerno a uno de los unicornios y se desata el glacial, a la par que Lilly avienta su anillo al lago, prometiendo casarse con aquél que lo encuentre. En ese punto se desata el glacial. No sabemos entonces, si fue el orgullo de Lilly o la fuerza del Señor de las Tinieblas lo que provocó dicho evento. Luego, la búsqueda y rescate de la princesa y el unicornio, se mezcla con el objetivo de proteger al unicornio hembra, que también es buscado por Blix. Demasiados objetos de valor, muchos problemas narrativos diría yo.

Podríamos considerar que no son tan graves si se considera que el objetivo final es derrotar al Señor de las Tinieblas. No obstante, su narración no aguantaría un estudio muy rígido. Tal vez ese no es el objetivo, cada quien aprecia el cine desde su particular punto de vista de cualquier modo. Yo, pese a lo comentado, sigo disfrutando del filme, sí lo considero referente importante del fantástico pues su manufactura representa las ideas que varios autores han expresado acerca de la configuración del género, por ende, es parte de un corpus de estudio obligatorio para quienes deseen adentrarse en este tipo de películas. Es también, una opción de escape para este final de año, un 2016 turbulento que nos deja más deseos de sumergirnos en la fantasía que sólo el celuloide puede dar.

Leyenda (Legend, Reino Unido/Estados Unidos, 1985).

Director: Ridley Scott.

Producción: Joseph P. Grace, Tim Hampton, Arnon Milchan.

Historia: William Hjortsberg.

Guión: William Hjortsberg

Fotografía: Alex Thompson.

Reparto: Mía Sara, Tom Cruise, Tim Curry, Alice Playten, David Bennent.

 

Erick Suaste

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