Laberinto. ¡Fantasía, romance y David Bowie!

Escrita por Erick Suaste-Molina/iDigitalFilms

KINETOSCOPIO RETRO es un espacio en el que comentamos películas estrenadas entre 1950 y 1999, que han dejado huella –para bien o para mal- en la historia del cine. Y como en las navidades nos encanta la fantasía, este mes les traeremos reseñas de algunos filmes de ese maravilloso género.

dentro-del-laberinto-peliculaSarah Williams (Jennifer Connelly) es una jovencita que posee una gran imaginación; se aísla en su cuarto, con sus juguetes y disfraces, clamando la poesía infantil que cuenta la historia del Rey de los Duendes y su fortaleza, más allá del gran laberinto. Una noche, cuando su madrastra la obliga a quedarse en casa para cuidar a su hermano menor, ella pide con todas sus fuerzas el más peligroso de los deseos: que el Rey de los Duendes haga que sus súbditos se lleven a su hermano. Al instante, los duendes raptan al pequeño bebe y ante ella se revela el Rey (interpretado nada menos que por David Bowie) ofreciéndole una bola de cristal que le mostrará sus sueños, siempre y cuando no vuelva a preguntar sobre su hermano. Ella, quien de inmediato comprende el error que ha cometido, pide al monarca que le regrese al niño. Él, contrariado pues la hermosa muchacha rechazó su regalo, le impone una prueba; resolver el laberinto que guía al castillo en 13 horas, o su hermano pertenecerá a ese reino para siempre.

            Laberinto cumple 30 años este 2016, año que vimos partir al astro inglés David Bowie, amén de que muchos espectadores actuales se acerquen a esta historia escrita y dirigida por Jim Henson, célebre creador de The Muppets y quién antes de esta película, había dirigido El cristal encantado (The Dark Crystal, Estados Unidos, 1982), otro referente del cine fantástico infantil cuya virtud fue el total uso de marionetas.  En Laberinto, decidió combinarlas con actores reales. Quizá el deceso de Bowie ha hecho popular este y otros títulos de su filmografía, pero el comentario a esta película adquiere relevancia en un contexto donde las cintas “fantásticas” (cuya denominación proviene del francés fantastique creado con los cortometrajes de George Méliès), están haciendo un esfuerzo por sobresalir tras el cierre de prestigiadas trilogías contemporáneas como Harry Potter y El Señor de los Anillos, en mi opinión, últimos referentes de importancia para el género (lo que vino después no se adaptó bien y se ajusta únicamente a la “máquina de hacer dinero”).

labyrinth2            En 1986, año del estrenó de Laberinto, el género fantástico o de capa y espada gozaba de buena salud dentro de la industria del cine. Los elementos de este tipo de películas suelen incluir la construcción de universos con reglas autónomas, ajenas a las del conocimiento humano, personajes con poderes mágicos, reyes, princesas, criaturas deformes pero que en ese mundo son normales, además de villanos con el corazón oscuro, esparciendo maldad por toda la comarca. Los ochenta fueron un marco fuerte para estas historias; por ejemplo, un año antes de éste filme, se estrenó Leyenda (Legend, Ridley Scott, Estados Unidos, 1985), y en la misma década, surgieron importantes títulos, la mayoría producidos en Estados Unidos como Excalibur (John Boorman, 1981), Verdugo de Dragones (Dragonslayer, Matthew Robbins, 1981), Krull (Peter Yates, Estados Unidos, 1983), El Hechizo de Aquila  (Ladyhawke, Richard Donner, 1985), y Willow, en la tierra del encanto (Willow, Ron Howard, 1988). También fue popular la coproducción estadounidense-alemana de La Historia Sin Fin (The Neverending Story, Wolfgang Petersen, 1984), además de la mencionada El Cristal Encantado.

            No eran películas que abusaran de las imágenes generadas en computadora porque eso apenas sería tendencia entrada la década de los noventa, por tanto, su éxito radica en la representación visual de ese imaginario fantástico con recursos orgánicos que, aunque artificiales en pantalla por tratarse de mundos ficticios, se sentían verosímiles. Sus historias además, eran narraciones heroicas parecidas al cuento maravilloso europeo que luego, con el toque norteamericano, adquirieron la característica  del final feliz que pronto sería un canon para toda la industria del cine. No se puede decir que el género haya muerto, podemos rastrear películas de este tipo durante varias décadas. Pero lo de hoy es la nostalgia; ningún título actual, por muy entretenido y con toda la tecnología disponible, iguala estos importantes filmes que hablan de una etapa muy creativa del cine hollywoodense.

 labyrinth3           Laberinto (cuya producción fue emprendida por el Reino Unido) no fue la excepción; tuvo críticas mixtas, pero sobresale mucho en el aspecto visual. Jim Henson y el diseñador de producción Elliot Scott crearon diversos escenarios dentro del laberinto, en los cuáles Sara debe enfrentar las pruebas para acercarse al castillo del que rescatará a su hermano: los pasillos llenos de una humedad artificial, casi anticuados pero con carácter de ensueño; un túnel de caída libre donde diversos brazos retienen a Sara, esperando que ella decida si ir hacia arriba o abajo; jardines en cuyas entradas, los picaportes hablantines ofrecen acertijos a Sara ya sea para evitar su avance o retraso hacia su objetivo; un pantano apestoso que sirve de castigo para quienes desafían al rey, un calabozo sucio y el castillo con mazmorras y paredes destruidas, en cuya sala central se halla el trono de Su Majestad.

            Por supuesto, el trabajo de Jim Henson resalta porque el sello particular de la película es el empleo de títeres, que en esta ocasión representan a los personajes fantásticos que pueblan el laberinto. Destacan los tres amigos de Sara: Hoogle, un enano gruñón caza recompensas que tiene la encomienda de retrasarla, pero se encariña con ella y decide traicionar al rey; Ludo, una bestia gigante pero noble que es rescatada por Sara del tormento de los duendes y, el Señor Didymus, un “animalito” vagabundo a quien encuentran en el pantano. Ellos ayudan a Sara en una travesía canónica, es decir, erigirse como heroína al rescatar a su hermano perdido y de ese modo, reparar el daño que ha hecho a su dañada relación con sus padres, especialmente con la madrastra. En ese sentido, la narración de Laberinto representa una esquematización de un recurrente problema infantil (el sentimiento de abandono por parte de los padres) y la fantasía en la que ellos se sumergen para enfrentar los problemas. Muy parecido al cuento maravilloso que va de Alicia en el País de las Maravillas, hasta Cenicienta, pasando por La Bella Durmiente.

            No se trata de una interpretación psicológica, sino de signos evidentes en el desarrollo narrativo. Sara ve el en el Rey de los Duendes una oportunidad de demostrar que tiene el poder de resolver sus problemas. Así, el “camino del héroe” de Sara, aunque simple, está lleno de decisiones que cualquier chico o chica enfrenta en su paso de ser niño a adolescente, al hacerse responsable de sus acciones (en algún momento, su madrastra le hace saber que ella ya no debería jugar con sus juguetes y cuentos). El rapto de su hermano es entonces, su primera prueba como hermana mayor. En las secuencias finales, cuando ella cae en un sueño profundo gracias al durazno que el rey le ha hecho llegar, Sara sueña con un baile de máscaras en el castillo, en el cual el gobernante del país de los duendes le “canta” su petición de quedarse con él, pues todos sus deseos serán cumplidos. Este es también un pasaje en el que Sara enfrenta una situación de enamoramiento (el rey del cuento era su amor platónico), a la vez que descubre que las decisiones correctas son posibles si se rechaza el camino de la maldad.

            Laberinto es pues, una historia fantástica que trabaja con valores universales en constante oposición: la batalla del bien (encarnado en Sara) y el mal (representado por el rey) es el eje de la narración en donde Jim Henson incluye la amistad, la camaradería, el amor por la familia y la inocencia, tratando siempre de mostrar una moraleja. No en balde, Henson intentaba ser un poco “didáctico” en cuanto al uso de los títeres, para transmitir sus mensajes. No obstante, también era transgresor. El hecho de incluir a David Bowie como un rey andrógino que llama la atención de Sara de una manera romántica, en ocasiones tirándole al erotismo, muestran un subtexto muy sutil en cuanto al tema del enamoramiento, algo que el cine de los ochenta apenas abordaba en películas para niños pero que en películas de terror ya tenía un exceso de evidencias, al mostrar el sexo como principal inquietud y descubrimiento de los jóvenes.

            Por ese camino, la lectura de este filme se torna un tanto profunda, aunque no oscura, pues sus escenarios y criaturas fantásticas hacen que predomine el tono del género fantástico, como un cuento que debe ser resuelto antes de que los padres entren nuevamente a la habitación. Por tanto, es legible para el público infantil y adolescente, con un gran atractivo para los adultos en cuanto al aspecto musical (Bowie por supuesto, escribió canciones que él mismo interpreta dentro de la película). ¿Por qué será necesario retomar la fantasía en nuestros tiempos? Hablar de Laberinto es regresar a una tradición del cine, en parte por la añoranza de ciertos fenómenos que comercialmente son rentables, pero también por una tesis que siempre se ha vinculado al cine: cuando el mundo atraviesa crisis humanas, los contenidos del séptimo arte fungen como espacios de escape.

labyrinth4            En los ochenta, Laberinto fue parte de una serie de cintas enfocadas en narraciones fantásticas que de algún modo simbolizaban las tensiones entre el bien y el mal construido en aquellos años, pues se contextualizaban en los problemas de la Guerra Fría que culminaría en 1989 con la caída del muro de Berlín. Hoy, la película cumple 30 años y créanme, ante la posibilidad de un enrevesamiento diplomático provocado por el ahora presidente de los Estados Unidos, Laberinto te hará sentir que todavía hay esperanza, y que esa se encuentra en el poder de los jóvenes como agentes de cambio.

Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos (David Yates, 2016) tiene en sus protagónicos a jóvenes magos que defenderán a los Estados Unidos de la amenaza  de “un gran mago oscuro”. Pero tienen el poder de cambiar el futuro. Justo como Sara de Laberinto lo hizo al cambiar su propia historia. En algún momento, ella le dice al rey: No tienes poder sobre mí. Esa es una afirmación provocativa y poderosa. Pero incluso si no les gusta pensar en las películas como simbolizaciones de otros asuntos, les prometo que verla junto al árbol de navidad, es una experiencia maravillosa. Desde luego, no hay mejor homenaje para David Bowie, que revisitar su trabajo, tanto en el cine como en la música.

Laberinto (Labyrinth, Reino Unido/Estados Unidos, 1986).

Director: Jim Henson.

Producción: George Lucas.

Historia: Jim Henson y Dennis Lee.

Guión: Terry Jones.

Fotografía: Alex Thompson.

Reparto: Jennifer Connelly, David Bowie.

Erick Suaste

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