La perla del Indio Fernández y Gabriel Figueroa

Kinetoscopio de Oro

Crítica de La perla

Por Daniela Armenta

Y bajo la excusa de aquel ciclo que ha presentado la Cineteca Nacional en torno a los 115 años del nacimiento del polémico escritor estadounidense, John Ernst Steinbeck, hoy en Kinetoscopio de Oro, envueltos en todo un cortejo melancólico y nostálgico, se ha decidido recordar el filme mexicano de 1947, La perla, cinta basada en la novela homónima del ya mencionado escritor Steinbeck y dirigida por el idolatrado actor, director y productor de cine mexicano, Emilio el Indio Fernández.

Mítico largometraje que aún después de más de 60 años de su filmación se articula para millones como uno de los mejores de la época del Cine de Oro Mexicano, La perla, narra a través de múltiples tomas evocativas el impredecible y trágico conflicto que enfrenta el pescador Quino y su esposa Juana –personajes principales, interpretados por Pedro Armendáriz y María Elena Marqués– luego de hallar una gloriosa perla que supondría el fin de aquellas tremendas agonías que enfrentaban al vivir en tan desolada pobreza.

La abatida vergüenza y desesperación que encarnan los personajes Quino y Juana en el instante en que el médico extranjero del pueblo decide no atender a su inocente bebé, identificado en el filme por el seudónimo “Coyotito” –pues para un indómito y huraño médico no bastaba curar la mordida de un alacrán sin antes recibir una merecidísima ganancia–, son motivo para que Quino, impotente ante innegables frustraciones que le causaba toda esa condición miserable que vivía su familia, decida aventurarse en una canoa junto a Juana, donde hallarían entre las feroces mareas un milagro casi divino que remediaría  sus vidas.

Tras el descubrimiento de la perla, Quino y Juana encararon un sinfín de trabas que intentaban doblegarlos con el exclusivo propósito de estafar o hurtar su tan exorbitante hallazgo, de inmediato, la pareja entrevió que la perla no reparo sus malestares, al contrario, sólo los expuso ante amenazas, e incluso, neuróticos enemigos.

Justo como un complaciente filme que destaca por priorizar una dulcísima fotografía liderada por Gabriel Figueroa, La perla, es un largometraje que sin prisa ni hastío, demuestra que es posible que el espectador se funda ante los paisajes, olvidando de lleno ecos y voces. Esta cinta no se celebra sólo por conseguir un mítico logro técnico, pues si bien, es estremecedor el mirar dentro de planos que magníficamente capturo Figueroa –motivo por el que se llevó la cinta un Globo de Oro a Mejor Fotografía en 1948–, también se aplaude por visibilizar lo primitivo y banal que define al ser que cae sombríamente ante el éxtasis de poseer un sinfín de bienes materiales.

La perla, Emilio Fernández, México, 1947.

Daniela Armenta

Estudia Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Flechada por la poesía y la existencia, pues se puede existir, sentir, vivir pero no se puede decir, se extingue.

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked. *