FICM 14 | Fuerza Bruta. ¡No todo animal es simbólico!

Escrita por Erick Suaste-Molina/iDigitalFilms

FICM 2016

fuerza_bruta_poster_finalEn alguna ocasión en una clase de lenguaje, comenté que una de las diferencias fundamentales entre los animales y nosotros, los seres humanos, es nuestra capacidad simbólica, esa que nos posibilita crear formas para interpretar la realidad. Una de esas formas por supuesto, es la construcción del razonamiento. Entonces un compañero me increpó, diciendo que me equivocaba. “Todos somos animales” argumentó él; si acaso, debemos decir que pertenecemos a una “especie” diferente, aquella con el uso de la conciencia. Le di la razón, pues efectivamente descendemos de los primates, somos el resultado de una evolución que eventualmente, hizo posible nuestra transformación física y cultural. Somos animales simbólicos pero, ¿qué sucede cuando queremos dejar atrás la conciencia y abrazar el instinto? ¿Seremos entonces, como decía mi compañero, distintos de las “otras” especies”? Esa es una tesis que me parece, salta a la vista en Fuerza Bruta, cortometraje de la nicaragüense Laura Baumeister, presentado en la reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia.

Ganador de la Mención Especial en la Sección de Cortometraje Mexicano en la edición del 2016 del Festival, Fuerza Bruta cuenta la historia de Lina, una joven que desea “ser animal” y en cada oportunidad, se comporta como una “perra”. Eduardo, su novio, entra en el juego de Lina con la intención de “domarla”, quizá con la esperanza de calmar el ansía de Lina por “vivir” como animal. Él debe amarla por sobre todas las cosas pues soporta sus transformaciones tanto en lugares públicos como en la intimidad. Ella desea hacer una regresión a ese estado primitivo en el que se hace frente a los problemas recurriendo al instinto, no a la razón. Los motivos de Lina para hacer dicha regresión  podrían ser varios, aunque sólo hay uno visible: el abandono de su madre. Viven juntas, pero ella parece más interesada en complacer a su joven amante, que en comprender a su hija.

Los cortometrajes deben ser directos en cuanto al problema personal que construyen para sus personajes principales. En este caso, pese a la duración de 38 minutos, es evidente que a la cineasta (también guionista) le interesa más la transformación de Lina en animal, que el explorar su vínculo sentimental con la madre. Si acaso, ella está para brindar cierta profundidad a quienes buscan una razón para el “problema” de nuestra protagonista; su romance con un muchacho que desprecia a los perros es motivo para que la madre se deshaga de la mascota de Lina, provocando que la chica tenga una crisis. No obstante, el deseo de imitar a una perra es más explícito cuando Lina está con Eduardo, relación en la cual se enfoca la historia.

fuerza_bruta_still3La pequeña reseña que ofrece el material de prensa de la película, describe al filme como una exploración de “los límites de una pareja que no termina de acoplarse”. Ello proporciona un anclaje para la significación de un cortometraje que no encaja en algún género (y quizá no es su objetivo). Es cierto, la relación de esta pareja disfuncional es el hilo conductor; sus problemas son evidentes en tanto que él pretende aceptarla pero le resulta incómoda la actitud de Lina (sus arranques durante el sexo, sus rabietas en el centro comercial, donde él le obliga a comer carne cruda, situación que a ella le parece límite). Ella por su parte, quiere integrar a Eduardo a su vida animal; incluso llega a proponerle que se vayan a vivir al bosque, dónde podrían cazar, vivir como animales, ser libres (una idea similar a la explorada por Lars Von Trier en Idioterne/Los Idiotas, sólo que ahí el grupo de protagonistas deseaba experimentar lo que sentía le gente con “limitaciones” mentales).

Sí, esta pareja tiene problemas de acoplamiento. No obstante, discrepo con la reseña presentada para el festival; a pesar de ver esta lucha de ambos jóvenes por integrarse, el problema no es la disfuncionalidad de su relación. Me parece que la tesis del filme es precisamente, esa pérdida de la capacidad de ser simbólicos, esa renuncia a la conciencia, situación representada en Lina. Ella tal vez no quiere enfrentar su situación familiar, pero no estoy seguro de que a la cineasta le interese eso (quizá estoy mal, después de todo las apreciaciones son subjetivas). El énfasis está en la adopción del instinto animal, algo que realmente no nos es ajeno; somos otra especie, tenemos instinto, pero a veces lo sofocamos con la conciencia. Lina desea saber cómo es eso; los motivos al final ya no importan, sólo su conversión en puro instinto.

En ese sentido, es necesario resaltar el trabajo de Meraqui Pradis, quien interpreta a Lina. Su transformación en animal es por imitación (presiento que quizá, Baumeister leyó a Brian Massumi, quien en su explicación sobre cómo hacemos “diagramas” del otro, imitamos su posición y fisonomía con nuestro propio cuerpo). Así, la chica se pone en cuatro patas e imita la sonoridad de un perro con tanta eficacia que el espectador “compra” la metamorfosis. Luego, con sus diversos movimientos juguetones e inquietos que imitan la curiosidad e inquietud de una “perra”, procede a hacer el amor a su novio con una pasión que el ser humano podría calificar de salvajismo; ve a los perros orinar, deseando ser ellos y finalmente, se revuelca en la tierra con la despreocupación y libertad con que lo hacen los canes.

fuerza_bruta_still2La película es sobre el despojo de la capacidad de simbolizar. Lina desea el instinto. Es acerca de la conversión paulatina de una mujer, modificación hecha por decisión propia. Por tanto, el poder del cortometraje reside en ese personaje tan bien trabajado por Pradis. Fernando Bueno (Eduardo) es un complemento necesario y que sigue el paso del trabajo físico hecho por la actriz; debe hacerlo pues precisamente, algo del conflicto que alimenta a Lina es la incapacidad de Eduardo de acoplarse a ella. A este dúo en problemas se añade un aspecto que hace a la película bastante agradable a la vista: la fotografía de Claudia Becerril, muy cálida y luminosa. Ello quizá resulta una contradicción para el problema narrativo (uno podría pensar que para un personaje tornándose animal, podrían construir escenarios lúgubres fotografiados difusamente y con película granulada).

No es el caso, pues la fotografía permite ver con “buenos ojos” el camino de Lina. Tratando de ser poético, se filma con belleza la fuerza bruta de ella. El resto del trabajo técnico se aprecia bastante bien. Nada de cámaras descuadradas, ni un sonido fuera de lugar, nada de cortes que resulten incómodos para la vista, los acercamientos al cuerpo de los actores parecen trazados con mucho cuidado, para no perder detalle de cada gesto, sonrisa o imitación de sonidos animales. Las “locaciones” están bien, no parecen artificiales, aunque en ciertos aspectos se denota que toda colocación de utilería fue “planeada”. Es un cortometraje interesante, pues nos hace plantearnos un cuestionamiento acerca del personaje central y presenta imágenes bellas.

Quizá es en este último plano donde algunos entrarán en debate. Es evidente que uno, como comentarista, se forma en la apreciación, y puede ver películas, saber de técnicas gracias al estudio y el repaso de maratones de filmes de distintas nacionalidades y géneros. Es en ese acontecer que se pueden reconocer ciertas propuestas arriesgadas, reconocer temas, estructuras narrativas, personajes canónicos, todas esas cosas que uno suele comentar. A lo que voy con ello es que esta película denota control. Con esto quiero decir que cada uno de los departamentos está muy bien cuidado, cada detalle posicionado, para hacer una creación lo más “perfecta” posible. Como bien lo enseñan en la escuela. El cortometraje después de todo, es una tesis producida por el Centro de Capacitación Cinematográfica.

No me malentiendan por favor. La perfección para mí está bien; se agradece un trabajo bien hecho. Pero quizá otros dirán que no; que demasiado control en una filmación impide ver todas las posibilidades de la historia, jugar con la materia de la expresión, salirte del guión y experimentar con las tomas, entre otras cosas. Quizá si sucedió en este caso y yo deliro. Pero lo siento más como un trabajo controlado, buscando la perfección y el agrado. Para algunos tal vez ello no sea fortaleza sino debilidad. Si se trata de titularse con honores, Baumeister lo logró; ya tendrá ocasión de experimentar más, si es ese su deseo.

Como quiera que sea, es un trabajo merecedor de ser apreciado, de una directora que no es novata en el festival de cine de Morelia (previamente presentó los cortos Isabel in Winter y Lagunas). Después de todo, el trabajo es tan bonito, que agradó al público, cuestión que en último término es, creo, el reconocimiento más halagador para un cineasta. Ciertamente, tendría el reconocimiento de mi compañero en clase, quien dijo que todos somos animales.

FUERZA BRUTA
México, 2016 / DCP, Color / Ficción, 38 min.
Director: Laura Baumeister
Producción: Henner Hofmann, Karla Bukantz
Producción Ejecutiva: Rossana Baumeister
Guión: Laura Baumeister
Fotografía: Claudia Becerril
Reparto: Meraqui Pradis, Fernando Bueno, Mahalat Sánchez.

Erick Suaste

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