El moderno Sherlock Holmes. La creación de una ilusión. | Kinetoscopio Clásico

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Crítica de El moderno Sherlock Holmes
Por: Luis M. Leyva

Kinetoscopio clásico es nuestro espacio en iDigitalFilms donde hablamos sobre el cine desde su nacimiento hasta 1950.

“Hay un viejo proverbio que dice: “No intentes hacer dos cosas al mismo tiempo y esperes que ambas salgan bien”. Esta es la historia de un chico que lo intentó. Mientras era operador de un cine en un pueblo pequeño también estudiaba para ser detective”. Con estas palabaras comienza El moderno Sherlock Holmes una película del icónico cineasta Buster Keaton. El filme relata la aventura de un proyeccionista que trata de convertirse en un detective hasta que es inculpado de un robo que no cometió y pierde así la confianza de una mujer que es su interés amoroso. Deprimido regresa al cine, pone la película en el proyector y de pronto se queda dormido

El moderno Sherlock Holmes no ha perdurado a través de las épocas por contar con una trama maravillosa o con personajes complejos. Sino que se basa en el estilo mágico que siempre caracterizó a Buster Keaton en cada una de sus películas, eso es lo que hace a esta película, y a toda la filmografía del cineasta, una maravilla audiovisual que se convierte en un viaje mágico que, aún con toda la tecnología existente actualmente, todos los cineastas modernos quisieran emular y provocar esas sensaciones en el público.

La particularidad de esta gran figura del cine eran los efectos especiales e ilusiones que lograba, imprimiendo hazañas imposibles en el celuloide del cinematógrafo que, para el público, se convertían en acrobacias reales. Eso era lo que hacía especial a Keaton, aprovechar el medio y entenderlo como lo que siempre ha sido, una ilusión. Al final el cine es una ilusión desde su creación, es un truco de magia capaz de grabar el movimiento, pero en realidad no capta el movimiento, sólo toma 24 fotos cada segundo, las cuales, al reproducirse, crean una ilusión de movimiento.

Esa es la maravilla de esta película, y de la filmografía del cineasta, que se empeña en crear una ilusión que atrape al espectador, y además, a través de éstas, exponen lo mágico que es el cine, al crear mundos imposibles pero reales engañando al ojo humano. El momento en que el protagonista se queda dormido y salta a la pantalla es, para mí, uno de los momentos más bellos en la historia del cine porque Keaton crea un poema para el cine, y le declara su asombro y fascinación que tiene por él y por todo lo que se puede lograr aprovechando la ilusión del cine. Pasar de una habitación, a la playa, al desierto, a la nieve, etc., es solo una muestra de su potencial como arte.

Buster Keaton demuestra así lo mágico y único que es el cine frente a otros artes; expone el espíritu que en su momento (y aún actualmente) sorprendió a todos y hace a los espectadores preguntarse ¿cómo lo hizo?, al igual que cualquier mago. En estos tiempos los cineastas aún se dedican a crear estos trucos, claro la gente ya no se pregunta cómo fue posible conseguir tal efecto, y ninguno se equipara a Keaton, sin embargo este hecho demuestra que el cine siempre ha sido, desde su invención, una ilusión, aunque sólo unos pocos, como Buster Keaton, se han aprovechado al máximo de esto y han dedicado su vida a comprender dicha ilusión.

Luis Martínez Leyva

Escritor en iDigitalFilms. Organizador y coordinador de talleres en el Cecehachero Film Fest. Cineasta y crítico. Apasionado por el séptimo arte, su análisis y realización.

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