EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS. EL ¿NUEVO? CINE MEXICANO.

Escrita por Erick Suaste.

Es un asunto muy delicado hablar de “lo nuevo” en el cine. ¿Cuáles son los elementos estéticos o temáticos que nos permiten definir qué es nuevo? ¿Cuál es el año o la década que marca el inicio de lo que es nuevo para ciertos públicos? ¿Acaso lo visto en pantalla actualmente no es nuevo, y el cine de los noventas es un pasado que no nos interesa? Al menos a finales de esa década, se escuchó con fuerza el término “nuevo cine mexicano” para referirse a las producciones de México que tenían fuerza comercial, un giro en las temáticas y construían una industria. Pero debemos tener cuidado. Desde los setenta durante el sexenio de Luis Echeverría, conocimos los trabajos de cineastas “contemporáneos” como Felipe Cazals (El Apando, Canoa), Luis Alcoriza (Mecánica Nacional), Arturo Ripstein (El Castillo de la Pureza, El Lugar sin Límites), o Jaime Humberto Hermosillo (Doña Herlinda y su Hijo).

Los ochenta trajeron el famoso cine de ficheras, videohomes y una crisis en la producción nacional que se intentó socavar con la introducción, en 1983, del Instituto Mexicano de Cinematografía, cuya administración ya para 1989 quedó en manos de CONACULTA, gracias a lo cual conocimos la célebre Rojo Amanecer (Jorge Fons, 1989), punto de partida para lo que algunos conocen como el ¿verdadero? nuevo cine mexicano que entregó piezas memorables durante los noventa y que a principios del siglo XXI, alcanzó el reconocimiento internacional y niveles redituables en taquilla poco vistos en los sexenios de Echeverría y López Portillo. ¿En qué consiste este nuevo cine mexicano? De acuerdo con Luis A. Guadarrama Rico, son tres las características de esta ola de películas; las menciona en su artículo “Nuevo cine mexicano” publicado en Milenio y las citamos a continuación:

1.- Abordan temáticas controversiales o incómodas para la sociedad y la élite mexicana.

2.- Usualmente reciben poco o ningún apoyo por parte del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE). Nota: a decir del autor, la institución ha tenido avance, pero carece de presupuesto y a veces, de visión, de apertura a otros contenidos.

3.- Esas producciones cinematográficas han sido capaces de generar alta calidad en su producción y, a la postre, arrojan un saldo positivo, en términos de la inversión realizada. (Véase Guadarrama, Mirada en la red: Nuevo cine mexicano en Milenio: Mayo, 2014).

Las características anteriores las extrae de dos fenómenos cinematográficos mexicanos clave, nos guste o no. El primero es Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000) e Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001), ambas con reconocimientos nacionales e internacionales, además de gran demanda en la taquilla. Por supuesto, el éxito no es el único criterio y el autor reconoce que los temas, que inevitablemente también influyen en un cambio del estilo en las cintas, son elementos reconocibles en este nuevo cine que alza la voz por minorías, diferentes estilos de vida y denuncia social. En la época de oro, la comedia ranchera exhibía un México alegre pero a veces ajeno a nosotros. El “nuevo” cine aborda aspectos de nuestra realidad que logran captar la atención del espectador. Esta no tan pequeña introducción es necesaria pues en Septiembre, iDigitalFilms entregará en las secciones Kinetoscopio Retro y Kinetoscopio XXI, textos que abordarán algunas de las películas que formaron parte de esta ola considerada como “nuevo cine”, siempre teniendo en cuenta que la etiqueta “nuevo” es susceptible de ser discutida.

CASO: El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, 1995) basada en la novela homónima del escritor egipcio Naguib Mahfuz.

RECONOCIMIENTOS: 11 premios Ariel de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, entre ellos Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guión. Goya a la Mejor Película Extranjera en lengua española, otorgado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España; Mejor Director y Mejor Guión en el Festival de Cine de La Habana de 1995, además de otros reconocimientos para su reparto, donde la más laureada fue la actriz Margarita Sanz.

Naghuib Mahfuz es un escritor egipcio ganador del Premio Nacional de las Letras Egipcias en 1972, el Premio Nobel de Literatura en 1998, y candidato al Premio Príncipe de Asturias en el año 2000. Entre los años 1945 y 1957 escribió una pentalogía de obras realistas donde retrataba a las clases populares del Cairo y su relación con pequeños grupos burgueses adheridos al pensamiento islámico de la época. De esa serie de novelas se desprende El Callejón de los Milagros, publicada en 1947, considerada una novela costumbrista cuyos personajes tienen marcadas características aspiracionales que podemos encontrar en diversas sociedades, sobre todo aquellas que nutren el espíritu humano: los deseos de abandonar el barrio y buscar una vida mejor, las ensoñaciones y la entrega a los placeres mundanos.

Así pues, en 1995 tras el éxito de Rojo Amanecer, Jorge Fons se encargó de dirigir una adaptación de esta novela, realizada nada menos que por el periodista, novelista y dramaturgo mexicano Vicente Leñero, quien colocó a los personajes de ésta novela en los barrios populares del centro de la Ciudad de México. Un puñado de habitantes del centro de la ciudad tejen sus vidas alrededor de tres puntos de vista principales: Don Rutilio (Ernesto Gómez Cruz), dueño de la cantina “Los Reyes Antiguos” en la cual se juntan varios amigos del barrio; él representa el machismo mexicano, su esposa, Eusebia (Delia Casanova) es abnegada y su hijo Chava (Juan Manuel Bernal) es un chico abusivo y vividor. Esta familia se ve afectada cuando Don Rutilio decide ejercer su homosexualidad con Jaime (Esteban Soberanes), un muchacho dependiente de una tienda en el centro.

el-callejon-de-los-milagros_salmaLa segunda historia es la de Alma (Salma Hayek) una bella joven, hija de Catalina (María Rojo) la vidente del barrio; Alma aspira a una vida si no de lujos, al menos de comodidades fáciles. Su romance con Abel (Bruno Bichir) se ve impedido por la marcha de éste a los Estados Unidos; tras ello, Catalina cede la mano de Alma a Don Fidel (Claudio Obregón) el dueño de una joyería, matrimonio que también se disuelve cuando él muere de un paro cardíaco y ella es engañada por José Luis (Daniel Giménez Cacho) para prostituirla. La tercera historia cuenta la desesperanza de Doña Susanita (Margarita Sanz), la dueña de la vecindad en la que viven todos nuestros personajes. Solterona, amargada y sin esperanzas de encontrar el amor, su destino cambia cuando Güicho (Luis Felipe Tovar) un malviviente que trabaja en “Los Reyes Antiguos”, la enamora y se casa con ella; el matrimonio se vuelve tortuoso cuando Susanita descubre que Güicho se casó con ella por interés. El cuarto acto titulado “El regreso”, cuenta la resolución de estas vidas condenadas al sufrimiento.

Alrededor de estas historias también se cuenta el acontecer de varios personajes que representan la lujuria, la violencia, discriminación, pobreza e ignorancia, pero también ensueños de una vida que anhelan pero que pocos pelean por ella, pues en el Callejón de los Milagros, la filosofía es la de la vida cotidiana en México: aquí nos tocó vivir. Así pues, el argumento entreteje las costumbres, refleja las necesidades y hábitos de un universo simbólico tan tradicional como lo es el centro de la ciudad. Más que eso, es aporte de las formas de interacción que ha creado un sector de la sociedad perteneciente a la clase popular, en cuyas formas de vida se observa aquello que dice Juan Gabriel: la costumbre es más fuerte.

callejon_rutilioEs decir, las decisiones fáciles, huir de las responsabilidades son parte del delineamiento de estos personajes. Pero lo más interesante se presenta cuando al mirar a fondo las historias, encontramos la doble moral. No es ajena a nadie, somos todos humanos, por ende, los habitantes del Callejón viven bajo ciertos estándares pero no son libres. Por ello, el camino a la felicidad es la salida fácil. Y en ese camino, no hay final feliz. Se pueden hacer variadas lecturas acerca del retrato de la idiosincrasia mexicana dentro del filme pero algo destacable es la manera de narrar estos hechos. Al tiempo que Tiempos Violentos (Pulp Fiction, Quentin Tarantino, 1995) en Estados Unidos puso en el mapa universal las formas desestructuradas de narración, Jorge Fons hizo lo propio en esta película, al presentar la misma historia desde tres puntos de vista, lo cual es interesante porque crea la posibilidad de los “ojos múltiples”, es decir, narradores diversos que a través de la cámara, aportan miradas distintas. Así, Don Rutilio nos pone en los zapatos del machismo, pero Alma y Susanita son la vista femenina de una sociedad predominantemente paternalista.

Lo anterior se pone en funcionamiento gracias a la multiplicidad de planos que existen en algunas escenas donde las historias de cada personaje se unen: por ejemplo, cuando Chava hace que Abel abandone a Alma en la azotea, para contarle sus planes de huida debido a que él cree haber asesinado al amante de su padre. Misma escena que posteriormente, es retomada en la historia de Alma, para hacernos saber que la joven pareja se ha prometido amor eterno. Esta multiplicidad de puntos de vista que unen un sólo relato es signo de la narrativa cinematográfica moderna que tuvo auge precisamente en los años noventa, razón por la cual, ésta película es considerada no solo parte de la “nueva” ola de cine mexicano, sino de una tendencia universal que pronto retomarían cineastas internacionales y que en nuestro país tuvo un eco mayor con Amores Perros.

Fue además, la oportunidad de incluir referentes de preocupación social en aquellos años: además del machismo y la trata de blancas, que son retomados de manera simbólica y no morbosa, podemos hallar en Abel y Chava la necesidad cada vez creciente desde ese entonces, de buscar un mejor futuro a través de la migración ilegal; la violencia contra las mujeres en el personaje de Flor (Gina Morett), una mujer acosada por Zacarías (Abel Woolrich) fue abordada sin necesidad de recurrir al actual radicalismo feminista. “El regreso” fue especialmente significativo porque mostró el desencanto ante la posibilidad de ascender del estrato en el que se vive.

el-callejon_susanita¿Acaso la idea de felicidad no existe para las clases populares trabajadoras? ¿Hemos siempre de vivir en la tragedia? Para nosotros como sociedad, ¿el dinero es sinónimo de felicidad? En el momento del estreno de El Callejón de los Milagros, México se encontraba en el sexenio de Zedillo, que enfrentaba con pobres resultados el legado de la crisis financiera provocada por Carlos Salinas de Gortari. Fue en estos tiempos donde el peso tuvo una devaluación del más de 40% frente al dólar, provocando la desconfianza de inversores transnacionales, lo cual motivó el quiebre de muchas compañías y el despido de millones de mexicanos quienes repentinamente, se vieron sin empleo (recordemos que los inicios del mandato de Zedillo comenzaron con el conocido “Error de Diciembre” que técnicamente fue responsabilidad de Salinas).

Por supuesto, los sectores de la clase media, baja y en pobreza extrema sentimos las repercusiones de la crisis económica noventera; en El Callejón de los Milagros, se sufre de amor, de incertidumbre, de deseo, de hambre. Todas esas necesidades se unen al constante deseo de sus personajes, de tener un futuro mejor. Ese futuro, ellos lo vislumbran teniendo dinero. Algo que todos los mexicanos deseamos hasta la fecha. No hemos salido de la crisis e incluso, el sueño americano se ha caído. Pero así seguimos, esperando un milagro, igual que los personajes de este inolvidable callejón. El retrato de las clases pobres y medias a través de estas narrativas tuvo eco no sólo con Iñárritu. En 2001, Rafael Montero dirigió un filme de estructura similar donde se hablaba de la clase “media alta”, pero Corazones Rotos paso desapercibida. El mismo ejercicio lo hizo Fernando Sariñana en Ciudades Oscuras, cuya forma y fondo son muy similares al filme de Fons, aunque sin demasiado espíritu. No obstante, todas son parte de un fenómeno ahora común en el cine mexicano: el reflejo de México desde el punto de vista de la ciudad, las historias urbanas fueron punta de lanza de un cine dedicado, posteriormente, a la demanda social.

El Callejón de los Milagros (Jorge Fons, México, 1995).

Guión: Vicente Leñero.

Protagonistas: Ernesto Gómez Cruz, Salma Hayek, Margarita Sanz, María Rojo, Delia Casanova, Bruno Bichir, Juan Manuel Bernal, Tiaré Scanda, Claudio Obregón, Daniel Giménez Cacho, Luis Felipe Tovar, Gina Morett, Esteban Soberanes.

Duración: 140 minutos.

Erick Suaste

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