Código desconocido, secuencias vivas que nos son cercanas

Kinetoscopio Retro

Código desconocido (2000) de Michael Haneke

Por Marcos Aguirre Salcedo

 

Código desconocido: relato incompleto de diversos viajes (Code inconnu: récit incomplet de divers voyages, Francia-Alemania-Rumania, 2000) es una película escrita y dirigida por el genial cineasta austriaco Michael Haneke, quien nos muestra aquí diversos posibles momentos de la vida cotidiana en la Europa actual. Algunos de los cuales podemos entender debido a la influencia de esta cultura sobre América.

Estos momentos son reconstruidos -en su mayoría- como largos planos secuencia, divididos entre sí por fotogramas en negro, que le otorgan al espectador el papel de testigo sobre los pensamientos, palabras, acciones y emociones de los diversos personajes que se encuentran dentro del cuadro. Haneke hace que empaticemos con ellos, que incluso queramos entrometernos, pues viven situaciones que podrían ocurrirnos a nosotros.

El segundo plano secuencia de la película, momento común que reúne la vida de los personajes principales, comienza con Anne (Juliette Binoche), una actriz primeriza de cine, que camina hasta que es detenida por Jean (Alexandre Hamidi), el hermano menor de Georges (Thierry Neuvic) -su actual pareja-, quien posteriormente le arrojará a una indigente llamada María (Luminita Gheorghiu) un pedazo de papel. Este acto es visto por un joven maliano de nombre Amadou (Ona Lu Yenke), que lo obliga a disculparse hasta que llaman la atención de la policía. Finalmente, Anne regresa para defender a Jean. Esta secuencia se vuelve el detonante del resto de sus historias, de la diversidad de sus “viajes” en este relato cinematográfico.

Todo el filme se desarrolla en algún punto de París, no se distingue con precisión. En realidad, podría ser cualquier ciudad, cualquier sociedad europea. Las situaciones y problemas que ahí se desarrollan resultan comunes para todos ellos. Éstas están necesariamente inmersas en fenómenos sociales como la conformación de la familia, el fascismo latente, la discriminación, la marginación, la desigualdad, el acoso, la migración, el racismo y los que se puedan identificar.

De este modo, una mujer indigente que es humillada, un joven rebelde que decide salir de su casa, una mujer que es acosada en los vagones del metro, un migrante que es deportado, un joven negro que es castigado sin poder enunciar su verdad, un niño negro que es enjuiciado por el color de su piel, un padre que se queda solitario o una mujer que sufre de histeria, son hechos que nos resultan comunes. El cineasta se centra, por supuesto, en su cultura; pero al mismo tiempo representa cosas universales, pues no solo ocurren en las sociedades europeas, presumiblemente más avanzadas y de primer mundo, sino en todo el mundo.

Por otro lado, el director austriaco juega con nuestra percepción del espacio y del tiempo. Las secuencias están montadas en un orden fragmentado y nos obligan a viajar hasta el final de la película, con música de tambores de fondo, para unir los hilos narrativos y comprenderlo todo. Además, hay una secuencia en específico que resulta alucinante, un punto de quiebre espacio-temporal donde Anne (Juliette Binoche, genial como siempre) come con sus amigos hasta que la cámara sigue a Amadou y a su novia caucásica, para luego regresar a Anne de una forma inesperada. También hay ocasiones donde se rompe la cuarta pared, precisamente en las secuencias donde Anne actúa para su película. Y dentro de una de ellas, hay un evidente homenaje a Jean-Luc Godard y a Pierrot le fou.

Queda la pregunta: ¿cuál es el código desconocido? Una posible respuesta es la incomunicación. Está sugerida en las secuencias. Mucho más en la primera, que no es un plano secuencia porque utiliza cortes, porque nos deja ver a una niña que intenta comunicar algo a sus compañeros sordomudos, quienes fracasan al no poder adivinar lo que dice. También en la última, pues aparece otro niño sordomudo que a señas intenta decir algo; pero no logramos  saber qué fue. Existe una contención involuntaria de la palabra, la cual no sólo sucede en los afásicos sino en todos los seres con el potencial comunicativo. Así, Amadou no logra expresarse, Jean no confiesa a su padre los motivos de su huida y María no enuncia sus pesares a su familia.

Sin embargo, existe la posibilidad de que el código se refiera a ese impulso que nos hace seguir viviendo y que desconocemos. Porque a pesar de lo mucho que podamos sufrir, de los tantos y variados infortunios que se nos puedan atravesar, siempre queremos seguir adelante. Eso desconocido no es ya la ignorancia del lenguaje o la incomunicación misma, sino algo más allá de la lingüística, algo que remonta al terreno de lo abstracto, del entendimiento de las emociones y comportamientos humanos.

Michael Haneke realiza un film maduro y estremecedor con un profundo entendimiento de los problemas que aquejan a la sociedad actual. El principal que se expone en Código desconocido es la falta de comunicación y de empatía entre las personas. Luego de ver este filme quedan muchas dudas, pero también nos vuelve a acercar (a recordar) mediante secuencias vivas, fragmentos incompletos de varios viajes, lo que sucede actualmente y logra hacernos empatizar, sentir, pensar y reflexionar sobre nosotros.

 

Marcos Aguirre Salcedo

Apasionado del arte, en especial del cine. Soy pseudocinéfilo y estudio Ciencias de la Comunicación en la UNAM.

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