Cincuenta sombras (atormentadoras y cegadoras de Grey y Anastasia, pero) más oscuras

Por Marcos Aguirre Salcedo

 

Cincuenta sombras más oscuras (Fifty Shades Darker, Estados Unidos, 2017), dirigida por James Foley y basada en el segundo libro homónimo de la serie escrita por E. L. James, continua con la historia de dependencia erótica y sexual entre Christian Grey (Jamie Dornan) y Anastasia Stele (Dakota Jhonson).

El argumento es muy similar al de la primera película, Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, 2015), pero sin la novedad que el best seller del mismo nombre trajo consigo: la virginidad de Anastasia y los aires de grandeza de Christian. Básicamente, esta segunda parte gira en torno a lo mismo; pero se intenta introducir una subtrama con el personaje de Elena (Kim Basinger) que resulta confusa.

Anastasia no tiene ningún respeto por ella misma. Aunque intente ser muy recta y apegada a las normas sociales convencionales, no puede ocultar su lado libidinoso al convertirse –conscientemente– en el juguete sexual favorito de Grey, permitiendo que éste último le haga lo que sea. Ella lo disfruta demasiado.

Además, Grey demuestra ser un controlador y manipulador, no sólo en el acto sexual sino en todo momento. Y sin importarle esto, Anastasia sigue fascinada y lo acepta. Es como si ella no pudiera vivir de otra forma, queda claro que depende del empresario multimillonario y está dispuesta a ser la sumisa definitiva que un tipo tan desquiciado como él busca. Estas son sus sombras más oscuras que los ciegan y los convierten en seres despreciables.

Tanto Anastasia como Christian no pueden olvidarse del pasado y regresan ciegamente a él. Son sus sombras del pasado. La primera necesita del segundo y viceversa, es una relación de dependencia no tanto amorosa ni afectiva sino sexual. Grey experimenta con cualquier tipo de posición, juegos, objetos y rituales sexuales; Anastasia se convierte en un cuerpo manipulable.

Es una manipulación que llega a lo enfermizo, como el tener un expediente completo de su Anastasia –es completamente de su propiedad– y tener la ridícula facilidad de comprar la empresa donde ella trabaja, por ser un celoso desbordado y de depositarle cantidades exorbitantes a su cuenta bancaria con una sola llamada.

Cincuenta sombras atormentadoras y cegadoras de Grey y Anastasia, más oscuras, son las que se ven en esta película absolutamente misógina e irreal que resulta ser un reciclado de la primera, pero narrativamente más oscura… perdón, más confusa, previsible, rodeada de clichés y sin novedad.

Luis Martínez Leyva

Escritor en iDigitalFilms. Organizador y coordinador de talleres en el Cecehachero Film Fest. Cineasta y crítico. Apasionado por el séptimo arte, su análisis y realización.

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